jueves, 21 de agosto de 2008

Sobre los medios y la infancia vulnerada

Por Natalia Verdún.

Un asesinato, una niña de 11 años, un padrastro que la violaba y la ofrecía a sus amigos. El caso de Pamela Silva- aún sin resolver- ocurrido en mayo en Maldonado reveló el espiral de abusos y maltratos padecidos por la niña y prendió la mecha para que los medios de comunicación se ocuparan de la violencia sexual hacia l@s niñ@s.

Cuando se habla de la necesidad de hacer visible las situaciones que vulneran los derechos de la infancia, el tratamiento mediático se transforma en un factor fundamental para que esas realidades dejen de estar ocultas en una sociedad que, muchas veces, las conoce pero las esconde.

Sin embargo, para generar un debate que pueda colaborar en la definición de estrategias para prevenir posibles abusos, detectar y afrontar los ya consumados se necesita algo más que la puntualización de cada caso y el recorrido por los detalles más morbosos de cada historia. Se necesita aprehender el tema, buscar posibles causas, bucear en el comportamiento humano, apelar a lo vivencial pero también al conocimiento de técnicos y profesionales.

En este punto habrá algún colega que refute que la función de los medios y los periodistas es informar, dar cuenta de lo que sucede y no asumir la responsabilidad de generar debates o concientizar sobre determinados temas. La discusión se relaciona con la clásica premisa de la objetividad, una concepción que deja del lado el hecho de que los periodistas somos sujetos y no objetos y que, por tanto, cada artículo, cada informe, cada entrevista tendrá nuestra impronta. Así, en tanto hombres y mujeres dedicados al oficio de contar historias-en definitiva eso es el periodismo-la responsabilidad y la ética como integrantes de la sociedad no se puede deslindar de nuestro trabajo.

Pero generalmente los periodistas no somos los que tenemos la última palabra en cuanto a la elección de una noticia; la dirección del medio-que en la mayoría de los casos no está en manos de periodistas-es la encargada de marcar la línea editorial de acuerdo a criterios que deberían conjugar la responsabilidad informativa con la captación de audiencia o lectores y, por tanto, la posibilidad de vender pauta publicitaria.
¿Qué pasa, entonces, si el noticiero registra un pico de rating en el bloque de crónica roja? ¿Qué pasa si los foros de los medios digitales se llenan de comentarios en las noticias sobre abusos?

Estas preguntas traen otros cuestionamientos: ¿el hecho de consumir esos contenidos nos hace más concientes de la problemática? ¿refleja un interés real de la situación o tiene que ver con la inmediata satisfacción de información sobre un tema que me debería preocupar?

No tengo las respuestas para estas y otras interrogantes sobre el tratamiento mediático de las violaciones a los derechos de
l@s niñ@s y adolescentes pero no quiero creer en esa frase que alguna vez me dijo un viejo periodista: “los directores de los canales dicen que si al público le das mierda, come mierda”. Yo me pregunto ¿la comerá porque no hay otra cosa?


Un buen ejercicio para analizar la relación entre los medios y la infancia es comparar los relatos mediáticos con los lineamientos sugeridos por la Federación Internacional de Periodistas (FIP) en el año 1998:

- Lograr padrones de excelencia en materia de precisión y sensibilidad al realizar reportajes sobre cuestiones que involucren niños y niñas.

- Evitar la realización de programas y publicar imágenes que ingresen al espacio infantil de los medios con informaciones perniciosas para los menores.

- Evitar el uso de estereotipos y presentaciones sensacionalitas para promover materiales periodísticos que involucren a niños.

- Evaluar las consecuencias de emitir o publicar cualquier material relativo a la infancia y procurar la minimización del daño.

- Cuidarse de identificar visualmente de cualquier forma a niños, a menos que comprobadamente sea de interés público hacerlo.

- Ofrecer a niños y niñas, siempre que sea posible, el derecho a acceder a los medios para que expresen sus propias opiniones y evitar la inducción.

- Verificar de manera independiente informaciones proporcionadas por niños, sin que esa verificación los coloque en riesgo.

- Evitar el uso de imágenes sexualizadas de niños.

- Utilizar métodos justos, transparentes y directos para la obtención de imágenes y siempre que sea posible, obtenerlas con el consentimiento de los niños o de adultos responsables.

- Verificar las credenciales de organizaciones que hablen en nombre de la infancia o la representen.

- No realizar pagos a niños, ni a adultos responsables, por trabajos periodísticos.

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