Por Daniel Sabsay
Para LA NACION
"La transición democrática trajo aparejada la aparición de un nuevo estilo de liderazgo social, encarnado en personas que desde un importante abanico de organizaciones se convirtieron en referentes de la sociedad civil y de ese modo en nuevos actores de la vida pública, cuyo prestigio ha ido creciendo en la medida que ha ido decayendo la consideración pública de la figura del político profesional.
Este fenómeno fue particularmente perceptible en el transcurso de la crisis del 2001. Frente a esta situación, muchos de estos líderes fueron tentados con cargos desde la esfera política, ya como candidatos a puestos electivos o de manera lisa y llana con nombramientos en puestos de envergadura, en los niveles nacional, provincial y municipal.
Es difícil hacer una evaluación de conjunto de lo acontecido con aquellos que tomaron la decisión de dar el "salto", ya que cada situación merece un análisis pormenorizado. Sin embargo, cabe señalar que no se trata de caminos alternativos, sino de campos de actuación muy diferentes que se compadecen con roles bien distintos en el cumplimiento de objetivos públicos.
El trabajo desde la sociedad implica, más allá de los matices, una manera de "abogar", de hacer lobby cívico, entre otras funciones. Se trata, precisamente, de una dinámica en la cual la labor está encaminada a conseguir transformaciones y acciones que deben surgir de la esfera gubernamental.
Por lo tanto, el ingreso a ella conlleva un elevado riesgo de quedar atrapado en su lógica de funcionamiento, con la pérdida concomitante de la posición previa. El encandilamiento con la vida política ha llevado a que muchos olvidaran los ideales que los habían guiado en sus diferentes rumbos públicos para caer en los peores vicios de la "mala política". Cuando ello ocurre, no sólo desaparecen personas importantes para el trabajo comunitario, sino que además las malas experiencias trasladan el desprestigio al sector no gubernamental en su conjunto.
Aquello de "zapatero a tus zapatos" nos parece un dicho por demás aplicable a estas cuestiones. Creemos que sólo puede ser válida la transformación cuando la misma se produce dentro de un equipo de trabajo que comparte valores, objetivos y modalidades.
De lo contrario, es casi seguro que servirá sólo para satisfacer necesidades personales, desperdiciando así un prestigio que será utilizado para avalar con un nuevo semblante los defectos de los malos gobernantes...
El autor es presidente de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN)"
Fuente: Clipping LA NACION
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